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El auriga Tristán Cardenilla

Tristán y su amigo se gastan la plata de la Popea (esposa de Tristán) en puras tomateras. Quedan tan borrachos, que Tristán disfraza a su socio de caballo para engañar a su mujer. Pero ella, no puede ver ni en pintura al animal. El noble equino es antes que nada un adicto a la bohemia. Las botellas de vino fluyen por sus gargantas, y su dueño incluso lo supera en esa virtud. Y aquí comienza a asomar la punta del drama: ¿llegará algún día a vender a su caballo? Por cierto que sí. Y esta despiadada acción le ocasiona al auriga Tristán Cardenilla una depresión tan honda que no le cabe otra que buscar refugio en al alcohol.

 

 

 


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